viernes, 22 de agosto de 2014

COLABORANDO CON SU ACTIVIDAD FÍSICA

Cada año son más las personas que forman parte de la tercera edad, quisiera entregar algunos antecedentes que nos permitirán tomar conciencia o profundizar aún más en los beneficios de la práctica de la actividad física, la que no debe estar ausente tampoco en esta etapa de la vida.
Lo que es cierto y claro es que el envejecimiento ocurre en todos los organismos vivos y que este proceso proviene de una compleja interacción de efectos biológicos y socioambiental, es decir, de lo genético y lo adquirido, (por ejemplo la exposición a la radiación).
Podemos señalar algunos cambios que se producen por el envejecimiento:
o   Cambios a nivel molecular.
o   Cambios a nivel celular, relacionados con la extensión del ciclo de la división celular.
o   Deterioro a nivel de órganos y tejidos.
o   Deterioro de la piel.
o   Disminución de la capacidad vital.
o   Descenso del nivel inmunitario.
o   Disminución de la capacidad respiratoria pulmonar.
o   Baja el tono muscular.
o   Disminución de la memoria y la actividad intelectual.
o   Disminución del sentido del equilibrio y la coordinación.
o   Aumento del colesterol.
o   Pérdida de la habilidad social.
Se ha demostrado que se puede postergar las alteraciones del cuerpo producidas por el envejecimiento teniendo una actividad física acorde a su situación personal.  Mencionamos algunos beneficios de la actividad física para esta etapa de la vida.
ü  Mantención de la fuerza muscular, resistencia y velocidad: Los cambios biológicos en el músculo esquelético como la reducción del tamaño y el número de fibras musculares usadas y su correspondiente trastorno en la unión muscular se debe más a la inactividad que al proceso de envejecimiento.
ü  Metabolismo óseo: La actividad física estimula el metabolismo óseo, la inactividad conduce a una pérdida excesiva del contenido mineral del esqueleto lo que hace perder su densidad.
ü  El volumen sistólico y el sistema cardiovascular disminuye con la edad: Los ejercicios aeróbicos (consumo máximo de O2), reduce la pérdida de esta capacidad contribuyendo, además a reducir la presión arterial.
ü  Mala tolerancia a la glucosa: A partir de los estudios de regulación hormonal en personas enfermas de edad avanzadas, aparece una mala tolerancia a la glucosa con el grado de envejecimiento y la inactividad, el grado de esta anomalía es proporcional al grado de inmovilidad y el ejercicio mejora esta situación relacionando con un aumento de la sensibilidad a la insulina observado después de  periodo  de  un entrenamiento  físico.
Todo lo anteriormente señalado, más el mejoramiento de la autoestima, la integración y consideración social, hace que los efectos de los daños de una posible depresión sean mitigados.
Finalmente, tenemos que tener presente que los ejercicios en esta etapa deben tener las siguientes características:
·       Que sean de carácter aeróbicos y submáximos.
·       Que participen siempre la mayor cantidad de grupos musculares.
·       Que sea sistemáticos.
·       Que no se realicen actividades complicadas.
·       Ojalá que siempre sean realizados bajo una supervisión estrecha, para evitar riesgos de caída o sobrecarga cardiovascular.

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