Llega un
momento en la vida de todo adulto mayor en la que los hijos crecen y deben
seguir su propio camino lejos del hogar, haciendo sus propias familias,
trabajar o estudiar en algún lugar lejos de su hogar, buscando su independencia
o por muertes tempranas.
Todas estas
sensaciones de soledad que experimentan los progenitores es conocido como el
Síndrome del Nido Vacío, en ese caso suelen ocurrir dos cosas: o se sienten
orgullosos por la independencia lograda por sus hijos o experimentan la
tristeza de verlos marchar.
Para los padres el ver partir al último
hijo es como volver a cero, al perder los hábitos que se tenían con la gente
que habitaba antes el hogar se sienten con más tiempo, en algunos casos usaran
el tiempo realizar los proyectos que vieron postergados y reencontrarse con la
pareja, en otros casos, optaran por la separación pues ya no habrá nadie que
los mantenga unidos.
La llegada del
Nido vacío suele venir acompañada de la jubilación, de la calma, el estar solos
los dos, de la rutina. Es frecuente que en esas circunstancias la pareja no
quiera reconocer la crisis y la disimule; de ese modo los conflictos y
desencuentros siguen de largo, sin llegar a un enfrentamiento.
Fuente: El
Comercio.
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